Artículo: Rompiendo los mitos acerca de la cremación.

Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer.

Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida,

tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.

Lucas 12:4 y 5.


Las costumbres relacionadas con lo que lo que hacemos al cuerpo de quienes han fallecido han ido cambiando a lo largo de la historia. Estos cambios han tenido que ver un tanto con las costumbres y mentalidad de cada cultura, y otro poco, con las necesidades de su época. Por ejemplo, cuando pensamos en los egipcios, no podemos dejar de recordar que ellos no enterraban, ni cremaban a sus difuntos, sino que los embalsamaban tan perfectamente, que algunos de esos cuerpos embalsamados son conservados hasta el día de hoy.  Podemos ver algunos otros episodios históricos en donde no fue la cultura, sino la necesidad, la que trajo cambios cambios respecto a la forma de tratar los cuerpos de los difuntos. Las pestes y guerras, llevaron a las personas tener que incinerar los cuerpos de los difuntos por razones sanitarias.

Aunque mucha gente lo desconoce, en la Biblia encontramos dos casos de personajes muy importantes que no fueron enterrados, sino que fueron embalsamados. Me refiero, ni más ni menos, que a Jacob y a José (Génesis 50:2,3 y 26). Por favor confírmalo en tu propia Biblia.

Esa costumbre puede parecer demasiado grotesca en nuestros días. En México, como en muchas otras naciones, la mayor parte de las personas acostumbra enterrar a sus difuntos. Aunque muchos cristianos evangélicos asumen que esa forma de hacerlo es la “correcta”, esa afirmación NO está basada en la Biblia. No al menos, en una correcta interpretación de ella. Sencillamente no encontrarás ningún pasaje bíblico que indique la sepultura como un mandamiento. Tampoco encontrarás una prohibición a hacerlo de alguna otra forma.

Fue de hecho la Iglesia Católica, la que en el año de 1886 prohibió enfáticamente la cremación de los cuerpos de los fieles católicos, indicando que quien así lo hiciera, no podría recibir el privilegio de un culto cristiano (católico) en su muerte. Debemos decir que estas prohibiciones siempre estaban más fundamentadas en la tradición católica que en una sólida base bíblica.

Aún en culturas como la judía, donde lo forma predominante ha sido la sepultura, la forma de llevar a cabo un entierro ha cambiado de una época a otra. Por ejemplo, cuando nos referimos a la muerte del Señor Jesús, solemos decir que la tumba quedó vacía y que el resucitó. Sin embargo, cuando leemos en los evangelios la forma en que el cuerpo del Señor Jesús fue puesto en el sepulcro, la imagen no es nada parecida a una tumba como nosotros las conocemos. El sepulcro era más una especie de cueva tallada en una piedra. Ahí colocaron el cuerpo de Jesús y después esto, la entrada fue sellada con una enorme roca. Seguro que si hoy en día alguien quisiera ser muy bíblico realizando un sepelio de este tipo, nos parecería de lo más extraño. La razón es que nosotros ya no lo hacemos así y la Palabra de Dios no nos indica ni expresamente, ni implícitamente, que guardemos cierto tipo de forma ritual en este aspecto.

Es posible que la cremación sea la forma de dar destino a los cuerpos contra la que más prejuicios tenemos, no solo los evangélicos, sino la mayor parte de las personas. Una razón de ello, es que resulta terrorífica la idea de no estar “realmente muertos” y llegar a ser quemados en vida por equivocación. La pregunta es ¿Podemos decir que nuestros argumentos son bíblicos y deben por tanto ser obedecidos por todos, o son sólo preferencias personales en donde la Palabra de Dios nos permite actuar con libertad de conciencia a cada uno?

Para contestar esta pregunta creo que debemos aclarar y deshacer algunos argumentos que algunos creyentes han asumido como bíblicos, pero que son más bien, malas interpretaciones bíblicas, o mitos con respecto a la cremación.

Argumento falso #1. “Dios ordenó que no pasemos a nuestros hijos fuego”.

Efectivamente, la Biblia menciona esta ordenanza en múltiples ocasiones, pero ninguna de ellas tiene que ver con el destino que se daba a los cuerpos muertos. El mandamiento de Dios era que no imitaran a las naciones paganas en su costumbre de quemar “vivos” a sus hijos, como un ritual para los dioses falsos. Esta prohibición no tenía nada que ver con “sepultar, en vez de incinerar”. Si tomamos esta orden del Señor y la aplicamos fuera del contexto de la idolatría, estamos interpretando mal las Escrituras.

En la Biblia encontramos la historia de dos famosos personajes que fueron incinerados al morir. Me refiero a Saúl y su hijo Jonatan, que murieron (junto con otros dos hijos de Saúl) tras una batalla con los filisteos (1a. Sam. 31). La condición de sus cuerpos al morir, hizo que su pueblo considerara mejor la opción de incinerarlos. Lo notable es que la palabra de Dios no hace ninguna mención de condena hacia este hecho. Sino que por el contrario, nos deja ver que cremarlos fue lo más apropiado, dada la situación.

Argumento falso #2. “El Señor no podrá resucitar nuestros cuerpos el día de la resurrección”.

Este es el argumento citado con mayor frecuencia por quienes se oponen a la cremación. Las personas que dan este argumento, tienen en mente pasajes como 1 Corintios 15, o 1 Tesalonisences 4, en donde la Biblia nos dice claramente que el Señor resucitará nuestros cuerpos mortales y los vestirá de inmortalidad (1 Co. 15:53). Llamamos a eso nuestra glorificación y lo esperamos con gozo como la culminación de la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo.

Resucitar, literalmente del polvo los restos mortales de cada creyente en toda la historia, es en sí mismo un milagro que sólo Dios podría hacer. ¡Para el no hay imposibles! Es por eso, que resulta cómico pensar que Dios va a a tener problemas en resucitar el cuerpo de alguno de sus hijos si este fue incinerado. Bajo esa línea de pensamiento equivocado, imagina entonces ¿Cómo haría Dios para resucitar los cuerpos de aquellos creyentes que murieron antes de Noé y cuyos restos se hicieron polvo hace siglos; polvo que fue removido por toda la tierra durante el diluvio? ¿Crees que será difícil para el Señor resucitar a todos aquellos mártires que fueron quemados durante la inquisición y la Reforma, sólo porque sus restos no están juntos en una tumba? Seguro que no.

Más aún ¿Qué va a pasar con todos aquellos de nosotros que seremos enterrados sin alguna parte de nuestro cuerpo que nos fue extraída en alguna cirugía; o con aquellos hermanos que perdieron un miembro de su cuerpo en una tragedia; o con aquellos cuyas tumbas han sido profanadas y que sus restos se perdieron o extraviaron? Pensar en un Dios que se complicaría con estas cosas, es pensar en un Dios muy pequeño..

Argumento falso #3. “No hay ningún pasaje bíblico que nos indique que debemos cremar a nuestros difuntos”

Eso es verdad; como también es verdad que no hay ningún versículo que nos diga que usemos automóviles, pantalones o computadoras, y sin embargo los creyentes hacemos uso de todas estas cosas, aún cuando la Biblia no nos lo manda. Vemos todas estas innovaciones como bendiciones que nos hacen a vida más práctica y buscamos agradar a Dios con ellas. El hecho de que la Biblia no nos prohibe expresa o implícitamente algo en particular, nos da libertad de usar nuestro discernimiento y nuestra conciencia bajo la luz de la Palabra de Dios.

Después de hacer estas aclaraciones, quiero compartir con ustedes algunas consejos pastorales que nos permitirán actuar con libertad y responsabilidad cristiana, a fin de que cada uno sea edificado y edifique en amor a otros en en los difíciles momentos en que un ser querido ha muerto.

1.-Por amor a tu familia, ¡No te aferres a una idea!

Casi todas las personas hemos llegado a decir “cuando yo me muera, a mi que me entierren”; otros dicen: “a mi que me incineren”. En tono de broma, pero con cierta verdad, he dicho a veces que si vas a dejar pagado lo que deseas, entonces puedes escoger, pero si no, entonces debes dejar esa libertad a tu familia.

La realidad es que cuando un hijo de Dios muere, nada de lo que sucede con su cuerpo minimiza la gloriosa experiencia de que su espíritu está con el Señor. ¡Eso es lo verdaderamente importante!

Es válido expresar a nuestros familiares nuestro deseo con respecto a qué nos gustaría que hicieran con nuestro cuerpo cuando muramos, pero lo verdaderamente útil es dar a nuestra familia la libertad de tomar las decisiones que dirigidos por Dios, crean convenientes, si es que nosotros fallecemos.

Son quienes sobreviven los que enfrentan la realidad, el dolor y los gastos de la muerte. Imponer una voluntad necia a nuestros familiares, puede ser un acto cruel y egoísta, cuando lo que en el fondo deseamos, es que quienes nos sobrevivan, sufran lo menos posible. Darles la libertad de decidir por nosotros es un acto generoso y sabio.

2.-Respeta las decisiones de la familia.

Cuando digo familia no me refiero a los parientes. ¿Cuál es la diferencia? Bueno, para quienes están casados, esa familia es el cónyuge y también sus hijos. En el caso de los hijos de familia, su familia son sus padres y hermanos.

Los padres y hermanos de las personas casadas que fallecen, pueden llegar a ser considerados en algún asunto, pero no deberían ser ellos quienes deciden. Es bueno dar espacio a que el núcleo familiar pueda tomar sus decisiones, sin la intervención “bienintencionada” de mas personas.

Como parientes, aportamos mucho más si somos respetuosos y honramos el alto lugar que Dios da al cónyuge, que fue, según la Biblia “una sola carne” (Génesis 2:24). También es generoso y amoroso privilegiar a los hijos por encima de los tíos, abuelos y otros parientes.

Como amigos y hermanos en Cristo nuestro respeto y apoyo incondicional a las decisiones que la familia toma, son una muestra de amor y madurez cristiana. Cuando un hermano en Cristo muere, nuestro consuelo y gozo están en que nuestro hermano en Cristo está con el Señor, así que no debemos de sentirnos perturbados de ninguna manera por lo que la familia ha determinado hacer con el cuerpo. Más bien debemos respetar y apoyar su decisión.

3.-No impongas tu consciencia sobre la de los demás.

Aún con todas las aclaraciones que se puedan hacer sobre el tema, cada uno puede mostrar cierta preferencia acerca de como debería de procederse con su propio cuerpo o con el de familiares cercanos, llegado el momento. Eso es bueno, ya que como vimos, la Palabra de Dios nos da margen para preferir una cosa u otra.

Lo incorrecto es tratar de ejercer presión sobre la consciencia de alguien. Si para una familia lo más apropiado es la sepultura, ¡Que lo hagan así para gloria de Dios! Y si para otra familia lo más correcto es la incineración, ¡Que lo hagan así, también para gloria de Dios! Así nos enseña la Biblia en Romanos 14.

En Resumen: Dios en su sabiduría, NO estableció en la Biblia una forma única de tratar con los cuerpos de quienes mueren. Esos cuerpos serán, por así decirlo, la materia prima del milagro más grande que nunca jamás nadie haya visto: la glorificación final de los hijos de Dios. Las muchas formas que los seres humanos han tenido y tienen de dar destino temporal a los cuerpos difuntos no disminuirá, ni obstaculizará en nada la obra que el Señor hará en aquel glorioso día. Si el Señor determinó darnos esa libertad, es porque El será más glorificado de esa forma.

Es necesario romper los tabúes que tenemos acerca de la muerte. Para ello, debemos dialogar al respecto con nuestra familia cercana y asumir decisiones en el amor, acuerdo y libertad que tenemos en Cristo. Así mismo, los cristianos deberíamos mostrar un profundo respeto por las decisiones que toman respecto a esto las personas que no son nuestra familia, aún si se trata de parientes o amigos cercanos.

¡Qué increíble que la muerte nos permita reflexionar acerca de tantos aspectos de nuestra fe en Cristo! ¡Asegurémonos de que el fundamento de nuestras creencias está en las Escrituras y no nuestras ideas y tradiciones! No hay peor momento para ser un legalista que el momento de la muerte, ya sea la propia o la de un ser querido.

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