Artículo: Tiempos de Devoción Familiar

…trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida,
y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.

2a. Timoteo 1:5.


¿Qué es el tiempo de Devoción o de Adoración familiar?
El Tiempo de Devoción Familiar es el momento diario que tomamos juntos todos los miembros del hogar para adorar, leer la palabra y orar unos por otros.El concepto no es nada nuevo, la mayoría de los creyentes tiene una idea por lo menos general de lo que se trata, sin embargo, son realmente muy pocos son que han hecho de ello parte integral y constante de su vida.

Aunque es conocido con algunos otros nombres como “Altar familiar”, “Culto familiar” y varios nombres más, me parece que llamarlo “Tiempo de Devoción o de Adoración Familiar” es muy apropiado, porque refiere de manera literal lo que hacemos. Difiere mucho de un “culto” o servicio de domingo en la iglesia, pues aunque en ambos oramos, leemos la palabra y adoramos, el tiempo en casa es mucho más breve que nuestras reuniones como iglesia. Usualmente en casa de 15 a 25 minutos son un excelente tiempo.

La Cruda Realidad.
Es cierto que la mayoría de los padres cristianos muestran un deseo de que sus hijos puedan conocer de Cristo y crecer como creyentes, pero también es cierto que muchos de ellos tienen ideas erróneas acerca de cómo transmitir eficazmente el Evangelio a sus hijos.  Muchos de estos padres asumen que haciendo una pequeña oración antes de los alimentos, sus hijos han aprendido a orar; dan por hecho que llevándolos a la iglesia una o dos veces por semana, continuarán asistiendo a la iglesia con regularidad toda su vida. Peor aún, la mayoría de los padres que conozco no se cuestiona acerca de la salvación de sus hijos, una vez más, lo dan por hecho.
La cruda realidad nos dice que las cosas no funcionan de una manera tan simple. En todas las iglesias hemos visto docenas o cientos de niños crecer en la congregación donde asisten su familia, participar en los eventos especiales y cantar las canciones semana tras semana, pero una vez llegada la adolescencia o la juventud, reunen el coraje suficiente para decirle a sus padres que no irán más a la iglesia, y que buscarán su propio camino. En ocasiones no es más que una dureza pasajera y el Señor en su misericordia les trae de vuelta a casa con un arrepentimiento genuino, no obstante, en muchos otros casos, estos jóvenes se van para nunca más volver, quedando manifiesto que el Evangelio nunca penetró en sus corazones.

Si bien tenemos siempre que tener en cuenta la soberanía del Señor en cuanto a la salvación de todas las personas, incluidos nuestros hijos, debemos decir que como padres cristianos no podemos ser condescendientes y dar por hecho que nuestros hijos ya están seguros en su fe solo por ser parte de “una familia cristiana”. ¡¡¡No!!! Es nuestro deber asegurarnos día a día que nosotros mostrándoles, hablándoles y enseñándoles a vivir el Evangelio.

Devoción familiar: Un asunto vital.
Es por todo lo anterior que los tiempos de devoción/adoración familiar no son solo una buena idea, sino algo de vital importancia. Estos tiempos son la columna vertebral de la unidad familiar y son el medio por el cual diariamente dedicamos un tiempo de forma intencional para transmitir el Evangelio de Cristo a nuestros hijos y afirmar su fe.
La experiencia nos muestra que una reunión de iglesia no es suficiente alimento espiritual para ninguna persona, ni para ninguna familia. Aunque somos profundamente bendecidos al reunirnos con otros creyentes en nuestra congregación, hay necesidades que nos son suplidas ahí. En otras palabras la Iglesia fue diseñada por Dios para suplir ciertas necesidades y el hogar y la familia fueron diseñados para suplir otras.   El hogar y la familia NO fueron diseñados únicamente con el propósito de la procreación, la convivencia y la manutención.

“El hogar es el diseño de Dios para transmitir eficazmente el Evangelio a nuestras siguientes generaciones:
hijos, nietos, bisnietos, etc.”

Pero eso no sucede de manera automática. Nuestros hijos no creerán solo porque nosotros hemos creído. Y tampoco podemos estar seguros que serán creyentes firmes en el Señor, solo porque van con nosotros regularmente a la iglesia. La explicación de por qué muchas personas terminan alejándose de la iglesia y de Cristo puede ser muy compleja y es distinta en cada uno de los casos, sin embargo cuando se trata de niños que crecieron en la iglesia casi siempre hay un común denominador: la falta de actos intencionales dentro del hogar para enseñarles “diariamente” la palabra de Dios y el Evangelio y como éstos se relacionan con las cosas simples y cotidianas que vivimos a diario en cada familia.
No basta con comprar a nuestros hijos una Biblia, ni siquiera es suficiente mandarlos a que la lean; ¡Tenemos que leerla con ellos! Tampoco es muy útil decirles que oren ¡Oremos con ellos y por ellos! ¡Y que ellos oren por nosotros!

Como puedes ver ni el concepto de la Adoración familiar, ni el “por qué” de ella son difíciles de entender. Aún así, he descubierto que al tratar de ponerlo en práctica cada uno en su propio hogar, enfrentamos obstáculos muy parecidos que llevan a interrumpir o claudicar definitivamente a la mayoría. A continuación te doy algunos consejos prácticos para que puedas continuar efectivamente, o bien, retomarlo nuevamente junto con tu familia.

Tenga cada quien su Biblia.  Parece muy simple, pero con frecuencia nuestros hijos a aún algún adulto en casa no tiene su propia Biblia, o la olvida cada semana en la Iglesia. En la medida que los más pequeño puedan leer, yo recomiendo que cada quien tenga su propia Biblia y sea responsable de llegar con ella a la sala o al lugar que hayan designado para reunirse.

Participen todos.   No se trata de un monólogo donde el padre de familia, canta las alabanzas, lee y hace las todas oraciones. Más bien el varón les recuerda a todos que la hora ha llegado y da inicio dirigiendo a que sigue y dando participación a su esposa e hijos. Un día puede leer el pasaje uno y al otro día otro. También puede dirigir la canción de alabanza alguien diferente. El tiempo de orar unos por otros es muy importante, pues todos reciben oración y son bendecidos.

Sean breves y mantengan el enfoque.  Si cantamos muchas canciones y leemos grandes porciones de la palabra o hacemos oraciones interminables lo más seguro es que terminará siendo una “pequeña reunión de iglesia” trasladada a nuestra sala y todos perderán el interés.
En casa adoramos con una sola canción, al inicio o al final; y nunca la repetimos mucho. Nadie predica, sino que leemos una pequeña porción de las Escrituras y al terminar cada uno dice que fue aquello que nos impactó de lo leído. Si hay niños tendremos que dar un tiempo para escuchar y contestar sus preguntas.
Para finalizar cada quien expone un motivo personal por el que quiere agradecer o pedir al Señor.
Aunque a veces oramos por alguna otra persona, nuestra prioridad en este momento s la familia y todas las oraciones son breves. Con todo el corazón pero breves.

Establezcan un horario.  No importa si llega a moverse 10 o 15 min. O si lo tienen que realizar en un horario diferente cada semana por el horario de alguien en casa. El hecho de que sea un horario fijo será un recordatorio para todos. Además nos mantiene a la expectativa.

Dale la importancia que merece.  Es un tiempo breve pero muy importante para tu familia. Así que apaga el celular. Si tu no respetas este tiempo, nadie más lo hará. Aun si decides no contestar, serás distraído si tu teléfono suena a todo volumen mientras tratas de orar por tus hijos. Haz lo mismo con la tv, la música o la computadora.

Nunca lo suspendas.  A veces llegarás muy cansado, o quizá hayas discutido con tu esposa y no sentirás muchos deseos de hacerlo. Aún así, pon empeño y no lo suspendas. Toma fuerzas en Cristo, pide perdón a tu esposa por haber peleado y comienza tu Tiempo de Adoración Familiar.
Podemos llegar a cambiar el horario o el lugar en ciertas ocasiones, como cuando tenemos un evento en el trabajo o si salimos de vacaciones, pero no lo suspendas.
Aún si hay visitas en casa, detén lo que estás haciendo y llama a tu familia y a tus visitas, explícales que es algo que hacen a diario como familia, que les da gusto que ellos estén presentes ese día y hazlo como siempre. Mismo tiempo, misma dinámica, mayor bendición.

Retómalo todas las veces que algo falle.   Soy pastor y podrías pensar que el Tiempo de Adoración Familiar en mi casa es perfecto, pero no es así. Estos sencillos consejos han nacido como resultado de las muchas veces que he fallado en el proceso de implementar este hábito con mi familia. No importa si aún no han iniciado o si después de comenzar se desanimaron e interrumpieron. La solución es muy sencilla: ¡Comiencen de nuevo! y hazlo todas las veces que sea necesario. Hagan ajustes, organícense mejor cada vez y retomen la tarea más importante del día.