Artículo: El peligro de un cristianismo que olvida.

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres 
todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar… 
…pero de los más de ellos no se agradó Dios. 1 Co. 10:1 y 5.


      El Capitulo 10 de 1 de Corintios resume de manera muy eficaz una faceta triste del caminar del pueblo de Israel por el desierto: ellos comúnmente olvidaban todo lo que Dios había hecho por ellos al libertarlos de Egipto y llamarlos a una vida bajo su propio Señorío. Es por ello que Pablo inspirado por el Espíritu Santo les dice: “No quiero que ignoren todo lo que Dios hizo por esa generación y aún así ellos no agradaron a Dios”.
Cuando miramos la historia de la Iglesia a lo largo de los siglos, observamos el mismo patrón: nuestro corazón no es menos olvidadizo que el de aquellos hombres. De la misma manera que ellos desperdiciaron tiempo innecesario en el desierto, también la iglesia ha dado vueltas en círculos cada vez que se ha olvidado de la Palabra de Dios. ¿Cómo es posible que esto pueda sucedernos? y más aún ¿Cómo podemos evitarlo? A continuación algunas respuestas.

Centralidad en el Evangelio.
Muchos cristianos suelen decir que “Cristo es la respuesta”; lo hemos escuchado tanto que posiblemente ya no recapacitamos en el profundo significado que hay en ello.
Me gusta decirlo de la siguiente manera: Todo lo que la Iglesia tiene que decir al mundo se encuentra en Cristo. No importa la pregunta a la que estamos respondiendo, el único mensaje que puede ser suficiente está en la persona y la obra de Jesus.
El es el mensaje. Cada evento divino en la Biblia, cada profecía apuntan hacía El; todos los hombres que Dios usó para escribir el mensaje: antes, durante y después de Cristo están apuntando hacia Él.  Pablo se une a ellos y lo expresa diciendo a la Iglesia en Corinto:
“…me propuse no saber entre ustedes cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”
Esas palabras resumen de manera muy efectiva lo que es el mensaje de una Iglesia centrada en el Evangelio.

Un cristianismo Bíblico.
Cuando hablamos de Iglesias centradas en el Evangelio alguien puede pensar equivocadamente que hay un menosprecio hacia las verdades de Dios en el Antiguo Testamento (A.T.)
La manera más efectiva de despejar cualquier duda es decir tácitamente que no es así. Por el contrario, una iglesia centrada en el Evangelio está fundamentada en un cristianismo “bíblico”, no en un cristianismo exclusivamente neotestamentario.
Es verdad que algunos círculos evangélicos suelen tener una actitud de desdén hacia el A.T. Llegamos a escuchar frases como: “ya no estamos bajo la ley, sino en la gracia”; y es verdad.
Sin embargo eso no significa que el mensaje del A.T. es inútil para nosotros, sino que es de hecho, indispensable para una correcta comprensión de la gracia y el nuevo pacto.
Con esto en mente es que el apóstol Pablo afirma que todas esas cosas se escribieron para nosotros (1 Co. 10:6 y 11); son una advertencia y también un ejemplo.
El A.T. y la Ley también son una fuente de esperanza para el creyente al revelarnos el cuidado, la paciencia y la misericordia de Dios a favor de personas imperfectas, pecadoras, infieles y en constantes problemas por causa de su pecado.

Un cristianismo histórico.
Imagina por un momento que de pronto olvidaras los últimos diez o quince que has vivido. Solo pensarlo es desesperante. ¿Por qué es así?  Porque esos últimos años le dan sentido a todo lo anterior y a todo lo actual. Si el evento se prolongara demasiado y no recuperáramos nuestras memorias, seríamos las personas más raras y desconectadas del planeta.
Creo que algo muy parecido sucede en mucho del cristianismo actual, en cuanto a su panorama histórico de la Iglesia: hay un hueco enorme en nuestra visión de lo que Dios hizo entre el segundo siglo y el s. XIX. Para muchos es como si prácticamente no existiera obra alguna de Dios en ese tiempo.
Cuando veo esto, quisiera gritar a los cuatro vientos: ¡Dios no ha dejado de trabajar! y por cierto no ha comenzado con nosotros.  Hombres como Lutero, Calvino, Wycliffe, Huss y Knox  (por citar a los reformadores mas conocidos), fueron instrumentos claves en la historia del cristianismo, pero hoy son olvidados he incluso menospreciados. ¡¡¡Ojalá y los predicadores actuales abrieran la Biblia al menos la mitad de lo que lo hicieron aquellos hombres!!!
Estoy convencido que si los mensajes de esos predicadores fueran conocidas por los cristianos hoy en día, habría menos fascinación por la pobre predicación que inunda los púlpitos, la literatura y canciones de adoración de nuestra época.
Desconocer la obra de todo lo que Dios ha hecho en todos esos siglos, nos hace ver fuera de enfoque lo que Dios está haciendo ahora. Desconocer la riqueza de sus escritos, su vida sus sufrimientos y aún sus errores, puede conducirnos a dar una vuelta más en el desierto de la ignorancia y el orgullo.

Y a ti ¿qué de todo esto te falta?