Artículo: Lecciones del partido Mexico-Holanda.

31. Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. 32. No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; 33. como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.

1 Corintios 10:31-33.


 

La copa mundial de fútbol que aún se está celebrando, ha estado llena de sorpresas para todos los que disfrutamos este deporte. Algunas de las naciones que han ganado el título en varias ocasiones, esta vez se han despedido en la primera fase y por el contrario algunos países que estaban dados por muertos, han sorprendido al eliminar a algunos de los grandes.

Como muchos saben el domingo pasado se enfrentaron México y Holanda. Desde que se anunció que el partido sería el día domingo a las 11 de la mañana (horario en que la mayoría de las Iglesias tienen su reunión mas concurrida y en ocasiones la única), los comentarios de los cristianos comenzaron a llenar las redes sociales. Estos iban desde preguntas sinceras acerca de si habría reuniones en las iglesias o no, hasta bromas de muchos tipos, aludiendo a dicho partido. De hecho, la mayoría de los “memes” previos al encuentro eran, casi totalmente hechos por personas cristianas. ¡Reí muchísimo!

Polémico!
La verdadera sorpresa (al menos para mi) fue cuando muy temprano en esa semana, comenzamos a ver la publicaciones de muchas Iglesias, comunicando que efectivamente, cambiarían los horarios de sus servicios del domingo; algunas incluso, recorrerían el horario de la reunión para transmitir el partido dentro de la Iglesia. Algo nunca antes visto en las iglesias en México. Al menos, no de manera tan generalizada.
Las reacciones a estos avisos fueron también muy variadas. Una gran mayoría lo recibió como la respuesta a sus oraciones (estoy exagerando, pero no mucho) y otros pocos, se rasgaban las vestiduras señalando de herejía cualquier tipo de cambio.

No concuerdo con ninguna de ambas posturas, porque me parece que la mayoría de las discusiones sobre el tema, sobre todo en las redes sociales, han abordado el tema de una forma muy simplista: algunas sencillamente tratando de justificarse y otras haciendo severos juicio sin fundamento. Así que no pretendo alinearme a ninguna, aunque debo decir que ambas me hicieron reflexionar.
Soy mexicano, disfruto muchísimo del fútbol y además soy pastor de una Iglesia, la cual tuvo su reunión en un horario que se contraponía a ver buena parte del partido, así que puedo ver pros y contras de ambas caras de la moneda.

Un cambio en torno a la cultura.
Si algo puedo decir sin temor a equivocarme es que la Iglesia está cambiando en muchos aspectos en torno a la cultura. Afirmo que todo los acontecido la semana pasada refleja un cambio en la Iglesia y no precisamente en la cultura y afirmo que esto no es bueno o malo en si mismo.
¿Por qué digo que es la Iglesia la que está cambiando en esta situación? Porque no es la primera vez que la selección nacional llega a esta etapa de la clasificación mundial. De hecho siempre llegamos solo hasta aquí. Aún así nunca tantas iglesias habían hecho cambios a sus actividades del fin de semana.
Tampoco es el primer partido o evento importante que se lleva acabo en domingo. El clásico nacional casi siempre es en domingo, al igual que todas las finales de la copa mundial. Las elecciones de nuestros gobernantes son también siempre en domingo y al menos que yo sepa, nunca nadie ha movido su reunión para promover la asistencia a las urnas. Todo esto supuso un cambio en la reacción de la Iglesia, no en lo que sucedió fuera de ella.

¿Bueno o Malo?
Evidentemente el asunto de que un partido se contraponga a los horarios de nuestras actividades como iglesia, no aparece en la Biblia y como todo asunto que la Biblia no menciona directamente, debemos tratarlo con cuidado. Afirmar “bueno o malo” en estos casos debe hacerse con algo más que la opinión que cada uno tengamos del asunto.

Los últimos versos del apóstol Pablo en 1 Co. 10 (citados al inicio), nos muestran que un mismo asunto puede edificar a unos mientras que puede NO ser edificante para otros. En otras palabras no es algo bueno o malo en si mismo, sino que el contexto de la acción, el corazón de quienes actúan y el resultado que esto traerá, resolverán en conjunto, si estas cosas son buenas o malas.

En situaciones así, recurrentemente pensamos ¿Qué tiene de malo? Pero esa pregunta no será de mucha ayuda. Una pregunta que nos daría una respuesta con un enfoque mas objetivo sería ¿Qué tiene esto de bueno?
He encontrado en mi propia vida infinidad de cosas que aparentemente no tienen nada de malo, pero que desgraciadamente tampoco tienen nada de bueno. Y no me refiero a que sean neutrales de alguna manera. Nada es neutral.
He aprendido que si algo no nos lleva hacia Cristo, si algo no podemos usarlo para la Gloria de Dios, deberíamos dejar de considerarlo. ¡Existimos para su gloria!
Si algo en la vida no nos conduce a ese propósito, se constituye pecado.

Bueno para unos, malo para otros.
Creo que este asunto del partido tenía algunas cosas “buenas para algunos” en particular. Pienso por ejemplo en las Iglesias hispanas en la frontera de los Estados Unidos con México, integradas casi totalmente por mexicanos.
Si en México había el sentir de una celebración nacional, que decir de aquellos compatriotas que literalmente no pueden regresar a su país por su situación migratoria. He compartido en ocasiones con ellos y no me queda la menor duda de que cualquier ocasión en que se reúnen para festejar su patria lejana, es causa de gozo para ellos, al igual que para muchos otros latinos.
Si alguien pudo haber usado este partido de manera evangelística dentro de la Iglesia creo que sin duda eran este tipo de iglesias en los Estados Unidos y quizá, otros países en donde las barreras religiosas en estas ocasiones prácticamente desaparecen. Me atrevo a decir que en casos como estos, el asunto del fútbol es meramente un pretexto para poder celebrar con otros compatriotas y sentir “un poco su tierra” dentro del exilio en que se encuentran.
Creo que aquellas iglesias que lo hicieron pensando en algo de esto, aprovecharon una oportunidad inmejorable.

Ese mismo factor no aplica en absoluto dentro del territorio nacional, aquí prácticamente cada televisor del país estaba sintonizando el partido. El fútbol era el tema principal, no otra cosa.
Recuerdo haber leído un par de sugerencias a Pastores amigos de parte de sus congregantes: “Pastor: y si cambiamos la reunión por el partido, trayendo cada quién sus invitados y les predica algo evangelístico en el medio tiempo”.
Aún tratando de sacar algo bueno de esa petición, me parece fuera de toda realidad. Cualquier aficionado a un deporte quiere ver la repetición y también la repetición de la repetición.
Sacar sus mentes del partido durante los 15 minutos intermedios sería una misión imposible, aún si tuvieran al mejor predicador del mundo.

Otro grupo que podría hacer estos ajustes de horarios sin cambiar sus prioridades, son aquellas iglesias que tienen un sinnúmero de reuniones el fin de semana. De hecho el ajuste de alguna reunión en este tipo de iglesias, es algo que sucede con cierta frecuencia. Así que si alguien decidiera ver el partido, o incluso si lo hacen en la misma iglesia, hay una o más reuniones que son una opción viable para que congregarse, adorar y escuchar la Palabra de Dios sean prioridad.

Esta misma consideración no pude aplicarse para la gran mayoría de las iglesias, las cuales tienen una sola reunión los días domingos. Creo que en estos casos las iglesias que decidieron anticipar o posponer su reunión este domingo, el mensaje pudo ser percibido de manera muy distinta. Si así lo hicieron, el cambio para sus congregaciones no era opcional, sino de hecho la única opción. No fue un ajuste para algunos, sino un cambio para todos, incluso quienes no disfrutan del fútbol, o quienes a pesar de disfrutarlo, hubieran preferido ir a adorar como siempre.
Si este fue el caso, el mensaje transmitido no fue un ajuste de detalles, sino un cambio de prioridades. La adoración y la predicación de la Palabra quedaron relegados a un segundo lugar. ¡Que terrible mensaje!
Sin duda lo que puede edificar a unos, puede no edificar a otros.

Todos contra el Legalismo.
La cantidad de argumentos a favor de estos “ajustes” en las reuniones de algunas iglesias, fueron muy abundantes. Algunos dijeron: “El cambio es una cuestión estratégica”, otros decían: “No hagan caso de los legalistas, Dios mira el corazón”, “De que sirve venir a la reunión si todos estarán pensando en el partido”.

¿Son válidos estos argumentos? Como ya lo dije, la respuesta puede ser diferente para cada iglesia. Pero ¿Qué podríamos decir que fuera edificante para todos?

Pensando en esto recordé la historia de Eric Lidell, un Joven Escocés, hijo de misioneros. Erick poseía el récord nacional en los 100 mts. planos, así que fue a las olimpiadas representando a Gran Bretaña. Al llegar a los juegos le informaron que el día de su carrera era ni más ni menos que el domingo.
Lidell era el seguro ganador. Prácticamente no tenía rival. Sin embargo sorprendió al mundo con su decisión: No se presentaría a la carrera. La razón, dijo posteriormente en una entrevista: “El domingo es el día que yo dedico para mi Dios”. Efectivamente, no se presentó a la carrera.
Contrario a lo que todos pensaban, su delegación le permitió competir en otras dos carreras: 200 y 400 mts. A pesar de competir contra competidores con marcas mundiales, y de que éstas carreras no eran su especialidad, Lidell consiguió medalla de plata en la primera y el oro en la segunda. Además lo hizo imponiendo un récord olímpico que tardó varios años en ser superado.

¿Legalista? Me parece que Dios contestó esa pregunta antes que nosotros y lo hizo honrando a Lidell. ¡Dios honra a los que le honran!

A Lidell se le conoce por decir “Cuando corro siento que Dios se agrada”. El fervor de su fe y su radical forma de llevarla a la práctica son un ejemplo para todos nosotros.

Creo que esta generación de cristianos está demasiado atenta de no ser “religiosa” o “legalista”; pero no le preocupa mucho ser ferviente en su amor por Dios. Amar a Dios se ha convertido en un asunto “solo del corazón”. Los cables de lo que creemos y sentimos parecen estar desconectándose de lo que hacemos. Eso es peligroso. Nuestra fe y nuestro actuar, nuestra doctrina y nuestra práctica son parte de la misma agenda, no los podemos separar.

Fervientes en espíritu.
Pablo escribió a los Romanos (cap. 12), hablándoles de su culto racional que procuraran ser fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.
Fervor es el resultado de que los cables estén bien conectados. Es algo que va mucho más allá de una convicción personal interna. Creemos algo y actuamos en coherente consecuencia. Fervor es una convicción que no solo se cree, sino que se ve y se siente. Fervor es lo que podemos ver en la cruz no como un concepto, sino como un acto del profundo amor de Dios por nosotros en Cristo.
Aquello por lo que somos fervientes ocupará un lugar preeminente en nuestra vida y muy probablemente también en nuestra muerte.

Equilibrio.
Es posible que el equilibrio en ésta, como en muchas otras áreas de la vida cristiana, sea a veces imperfecto, cargándose en ocasiones un poco hacia un lado y a veces meciéndose hacia el otro. Quisiera poder decir que nunca he sido legalista y que siempre he sido ferviente, pero esa no es la realidad. Vivo pidiéndole a Dios que me ayude a vivir en la línea, pero soy consciente que no siempre la veo con claridad.

Por lo anterior he tomado la determinación que cada vez que ese equilibrio me resulte difícil de lograr, preferiré mil veces equivocarme cargándome conscientemente hacia el lado del fervor por mi Dios, aunque sea visto como religioso, legalista o como un estratega demasiado tonto.

En la Biblia encontrarás que Dios no se ha caracterizado por usar las estrategias más lógicas, ni más liberales para hacer su voluntad. De hecho sus estrategias han parecido a veces un tanto estúpidas a los ojos de muchos hombres, y aún así funcionaron. ¡El es Dios!

Curiosamente encontrarás un común denominador en cada una de esas “tontas” ideas de Dios: hombres fervientes dispuestos a poner todo de lado para darle la gloria a Aquél que lo era todo en su vida.

¡Yo quiero ser uno de ellos!