Artículo: ¿Qué aprendemos del libro de Jueces?

 Mas acontecía que al morir el juez, ellos volvían atrás, y se corrompían más que sus padres,
siguiendo a dioses ajenos para servirles, e inclinándose delante de ellos; y no se apartaban de sus obras,
ni de su obstinado camino.
Jueces 2:19. 


La Biblia no es un libro de historias perfectas. Cada uno de los personajes que encontramos a lo largo del Antiguo y el Nuevo Testamento, son presentados al desnudo. Desde los patriarcas hasta los apóstoles, no son presentados con vidas retocadas. Por el contrario, vemos sus desatinos y errores; sus pecados y sus dudas.
En medio de esas historias caídas y tocadas por el pecado, la Palabra de Dios nos presenta “La Gran Historia”: la historia de la redención. Dicho de otra forma, la Biblia no es un compendio de pequeñas historias, no es principalmente la historia de Israel, ni tampoco la historia de la Iglesia. Aunque todos estos elementos y muchos otros están reunidos y entrelazados, cada uno de ellos apunta hacia Cristo.
Esa es la historia también del libro de Jueces, que nos muestra, en primer lugar, al pueblo de Israel llegando a la tierra prometida con el respaldo de Dios, pero que muy temprano en el desarrollo del libro, comienza a obedecer a medias aquello que Dios les había indicado y que deberían haber obedecido totalmente. Vemos a la generación que sucedió a Josué siguiendo y sirviendo a dioses falsos, iniciando un ciclo que repetiría una y otra vez: 1.Olvido de la palabra de Dios. 2.Pecado y depravación del pueblo. 3.Opresión de los enemigos como consecuencia de la desobediencia. 4.La gracia de Dios mostrada levantando jueces o libertadores.
En segundo lugar, encontramos la historia particular de cada uno de los jueces. Estos hombres que la Biblia nos asegura que eran levantados por Dios, pero que distaban mucho de ser perfectos. Todos ellos tenían “algunos inconvenientes”. Así es como encontramos a Israel siendo libertado por un cobarde como Gedeón, una mujer (y no un varón) como Débora. Algunos otros eran más un ejemplo de lo que NO deberían ser, como el fornicario Sansón, o el asesino Abimelec.
He escuchado muchas veces estos ejemplos siendo utilizados como, lo que yo llamo: “historias motivacionales”, donde algunos predicadores tratan de animar a la audiencia diciendo “si Dios pudo usar a un miedoso como Gedeón, Dios puede usarte a ti” ó “Si Dios pudo usar a un fornicario como Sansón Dios puede usarte a ti”. Sin lugar a dudas, estas conclusiones simplistas, no son la enseñanza en estos pasajes.
Si queremos aprender a leer la Biblia e interpretarla correctamente, tenemos que acercarnos a ella buscando cómo es que cada historia apunta hacia Cristo, no hacia nosotros.
Eso es lo que hace la historia de todos los jueces. Dios nos muestra que esos hombres no fueron libertadores perfectos; tampoco salvadores justos. Su obra fue pasajera y no eterna. ¡¡¡El Juez justo aún estaba por venir!!! Ese es Cristo.
A lo largo de la historia de los jueces Dios salvó a su pueblo, a través de muchos medios y de muchas diversas maneras: con pocos y con muchos, con fuertes y con cobardes, con hombres y con mujeres; pero en todos los casos esa salvación solo fue temporal. Llegaría el tiempo en que la salvación eterna del pueblo de Dios llegaría a través del “Único Juez Justo”: Jesucristo.
Las historias imperfectas de los jueces no son una disculpa para nuestras propias imperfecciones. Verlo de esa forma sería, como decimos en México, “consuelo de tontos”. Por el contrario, las historias imperfectas de esos hombres son una plataforma desde la que podemos vislumbrar al Verdadero Libertador, al Eterno Salvador, al Perfecto Juez y Redentor de nuestras almas: Jesús el hijo de Dios.