Artículo: Solo Cristo!

Cuando miramos atrás para estudiar la historia de la Iglesia, descubrimos que el enemigo ha emprendido distintos ataques contra los planes y propósitos de Dios. En primer lugar podemos ver como los hijos de Dios: creyentes verdaderos en distintas latitudes y épocas, han sido perseguidos, encarcelados y aún martirizados por mantener su fe en Cristo como el Señor y Salvador. Eso no es algo que haya quedado en el pasado. En estos mismos momentos, cristianos en muchos países están sufriendo en formas que la iglesia occidental ni siquiera hemos imaginado. Para ellos su profesión de fe no es la repetición mecánica de una oración; ¡No! Para ellos profesión de fe en Cristo, es aceptar una condena de cárcel, exilio o muerte de manera garantizada.

Debes saber que la persecución nunca ha sido del todo provechosa para Satanás, porque si bien, la amenaza del sufrimiento hace que algunos que parecían creyentes nieguen al Señor para salvar el pellejo, lo que sucede en realidad es que la persecución aviva a la Iglesia verdadera. Los creyentes auténticos no se amedrentan sino que son fortalecidos por Dios tal como sucedió en los primeros capítulos del libro de los hechos. Lo que parecía un triunfo de Satanás al lograr matar a algunos cristianos en Jerusalén, se volvió en su peor dolor de cabeza, pues esos cristianos que fueron despojados de todo y dispersados fuera de tierra comenzar a “regar” el mensaje del Evangelio por cada pueblo y ciudad por donde pasaban. Las palabras de Cristo al decir que las puertas del Hades no prevalecerían contra la Iglesia se cumplen cabalmente. Solo podemos decir que Dios se ha glorificado en medio cada persecución.

Pero no solo los cristianos son perseguidos. Las enseñanza o doctrinas fundamentales de la fe cristiana también son atacadas, incluso con mayor intensidad y frecuencia. Si Satanás no puede frenar a los cristianos entonces el trata de diluir el mensaje de ellos. El sabe que el único poder del creyente está en el mensaje del Evangelio de Cristo. Si ese mensaje es diluido o adulterado, no nos queda nada.

El ataque contra las Escrituras es una ataque contra Jesucristo mismo.

A pesar de lo grave de este ataque, detectarlo no siempre es tan fácil. Cristo no desaparece del mensaje de un domingo al otro. Es un proceso largo por el cual los creyentes muy poco a poco y con una sutileza imperceptible, van deslizándose a aceptar, ideas novedosas y estrategias que parecen hacer más atractiva la Iglesia, hasta que en algún momento, a veces después de años, Cristo casi ha sido borrado del mapa.

Esa era la condición cuando Dios levantó esa preciosa Reforma en los s. XIV al XVI en donde El mismo levantó hombres que proclamaran con todas sus fuerzas : ¡¡¡Solo Cristo!!!
Esta frase tan corta, está llena de significado: Solo Cristo es el plan original de Dios para la Redención, Solo Cristo es el Hijo de Dios, Solo Cristo es el sacrificio suficiente, Solo Cristo puede perdonar pecados, Solo Cristo es el Justo, Solo Cristo puede morir y vencer al pecado y a la muerte; Solo Cristo es el fundamento que puede sostener a la Iglesia. Solo Cristo era con el Padre y el Espíritu desde antes de la fundación del mundo y Reinará en Gloria por toda la eternidad.

Es glorioso, pero debemos saber que estas verdades también están bajo ataque. Satanás ha logrado convencer a la Iglesia de que muchas otras cosas además de Cristo son necesarias para el avance del Evangelio. Es increíble que hoy en día Cristo ni siquiera es mencionado, o es mencionado muy poco en muchos mensajes e Iglesias. Algunos círculos cristianos sostienen que el Evangelio de Cristo es “solo el comienzo” para después pasar a lo más profundo de las Escrituras. ¡¡¡Qué idea tan equivocada!!!

No hay nada mas profundo en la Biblia que el mensaje de Cristo. El fue anunciado desde el Génesis, y por todos los profetas. El era la razón de todas las fiestas y hacia el estaban apuntando el templo y los sacrificios. El Mesías Salvador es el centro de los Evangelios y también es Cristo el centro de todas las cartas y doctrina enseñadas por los apóstoles en el Nuevo Testamento. ¿Por qué deberíamos considerar que hay algo más profundo que eso? Sencillamente no hay nada más profundo.

Que la claridad que Dios trajo en aquellos tiempos a la Iglesia reformada sea la que ilumine nuevamente a la Iglesia en el s. XXI y que nuestros ojos vuelvan a la Escritura, porque el clamor que emanaba de sus páginas entonces, es el mismo que fluye ahora: “Solo Cristo”.